Por Juan Gómez
Zacatecas era un estado de paz, de tranquilidad, de mucha convivencia social y de la vivencia de valores sociales.
Hoy tiene otro rostro.
En tan solo cinco años, han desaparecido en el estado más de 18 mil personas. Hasta mayo de 2026 se reportaban 4007 personas desaparecidas, de las cuales el 65 por ciento son niños, de acuerdo a Red Lupa.
Hay historias que ilustran la influencia del narco en municipios zacatecanos:
Jorge Armando tenía 13 años de edad y ya había ejecutado a diez personas con su arma, de acuerdo a la declaración que dio a la entonces Procuraduría de Justicia de Zacatecas hace 11 años.
Con 13 años ya pertenecía a una de las organizaciones más sanguinarias de la delincuencia organizada, los Zetas.
En septiembre de 2015 su cuerpo fue hallado con otros cinco cuerpos de personas ejecutadas en el municipio de Morelos, Zac. La declaración sobre las ejecuciones la había hecho en enero de ese año, cuando fue detenido.
La realidad actual:
Cuerpos colgantes en los puentes peatonales y vehiculares, mantas con leyendas amenazantes, cabezas desprendidas y arrojadas en hieleras o en bolsas negras; narcobloqueos, bombazos; ejecuciones directas, casas incendiadas con familias en el interior; asaltos en carreteras, cuerpos martirizados y arrojados en carreteras o abandonados en la plaza de armas del centro histórico de la capital; extorsiones, cobro de piso y un largo etcétera, acompañan el escenario criminal zacatecano.
Pero lo que sucedió el 18 de julio en tres municipios del estado, tiene un impacto sin precedentes en la sociedad zacatecana.
Detrás de cada ejecución hay no solamente un hombre, sino una historia, una familia, un entorno empresarial y profesional.
Zacatecas es una comunidad relativamente pequeña, no tiene la explosión demográfica de otras que son más industrializadas y que por lo tanto, registran una actividad comercial y de servicios mucho más intensa.
La comunicación entre los zacatecanos es directa o como se dice coloquialmente “entre los zacatecanos nos conocemos”, “sabemos quién es quién”.
Y aquí se tejen muchas historias, se conocen relaciones de todo tipo y el origen de cada quien, no solamente familiar sino social, económico, académico y profesional.
Las víctimas del multihomicidio eran personas productivas en esta sociedad tan castigada en su economía y desarrollo.
Por ello el impacto ha sido mayor y de gran trascendencia que difícilmente será olvidado por las y los zacatecanos, y que al contrario, estará presente en el ánimo social por mucho tiempo, por muchos años y quizá, por varias generaciones.
A Zacatecas se le arrebató su paz y tranquilidad hace más de 20 años, cuando se podía disfrutar la ciudad a altas horas de la noche. Era la ciudad más segura del país, sin duda, dueña de una tranquilidad y de un sosiego que daban una gran calidad de vida.
Esos días se extrañan, se anhelan y todavía se tiene la esperanza de que vuelvan.
Zacatecas y sus familias lo merecen.
Al tiempo.
@juangomezac




























