Juan Antonio Pérez
Un niño, un profesor, un libro y una pluma
pueden cambiar el mundo.
La educación es la única solución.
Malala Yousafzai (2014 – …)
Premio Nobel de la Paz 2014
Justo cuando el mundo se dispone a celebrar el día Internacional de la Mujer 2026, el
retrógrada pensamiento que domina el escenario geopolítico parece diseñado a
propósito para recordarnos que la conmemoración dista enormidades de ser un festejo.
En un cobarde albazo el pasado sábado 28 de febrero, el demente titular de la Casa
Blanca inició una ofensiva el contra del pueblo iraní, asesinando en apenas unos
instantes a 148 niñas en edad escolar, además de otros civiles, contando a la hora de
escribir el presente texto una cifra de víctimas mortales superior a 9 mil.
La masacre sucede a la ocurrida en Gaza donde estimaciones conservadoras
apuntan a 20 mil gazatíes asesinados, en donde los objetivos prioritarios fueron
instalaciones hospitalarias y escuelas, con la mano asesina de Benjamín Netanyahu y la
complicidad del no menos sanguinario Donald Trump. Ambos enfrentan conflictos
internos en sus respectivos países, ambos por corrupción, además de que el orangután
anaranjado es un violador convicto y es multi señalado como miembro de la banda
pederasta de Jeffrey Epstein.
En la embriaguez del poder que otorga estar al mando del ejército mejor armado
del planeta, el mismo oscuro personaje habría estado al mando del secuestro del
presidente venezolano Nicolás Maduro y de Cilia Flores, su actual pareja. Apenas unos
días después de la agresión al país hermano pretende ahogar a Cuba en la escasez de
suministros al “prohibir” la venta de hidrocarburos y “sancionar” toda forma de
intercambio comercial con la hermana isla caribeña.
En el escenario nacional, los feminicidios siguen ocurriendo con preocupante
frecuencia, y han alcanzado el ámbito universitario con la desaparición de jovencitas en
edad de cursar estudios superiores, e incluso bachillerato. Es paradigmático el caso de
Lesby Berlín (1995 – 2017) en la UNAM, estrangulada por su pareja y el caso más
reciente en la Universidad Autónoma del estado de Morelos, en la que dos jovencitas de
apenas 18 años, Kimberly Joselín Ramos y Karol Toledo, fueron salvajemente
asesinadas con diferencia de once días. Una tercera estuvo desaparecida durante dos
días y fue, afortunadamente, localizada con vida.
El terreno local, luego de ser destituido como rector y separado de la planta
docente de la Universidad Autónoma de Zacatecas por mandato del H. Consejo
Universitario, el Dr. Rubén Ibarra Reyes hace circular la versión de que ha demandado
laboralmente a la UAZ en búsqueda de su reinstalación como académico universitario.
Tan incalificable la intención como el rumor, que por supuesto hizo brotar el
descontento generalizado en las redes, grupos y colectivos feministas.
Y esto ocurre, como broma macabra, a unos días de la celebración del día
Internacional de la Mujer, cuando es inevitable recordar que Ibarra es legalmente
culpable y confeso de violación equiparada teniendo como víctima a una menor de
escasos cinco años al momento de la agresión, teniendo como agravante además
parentesco consaguíneo.
El poder político de Rubén Ibarra se hizo evidente a la hora de ser llevado ante la
justicia, puesto que el crimen fue injustificadamente re clasificado, hasta que la
gravedad admitida por la autoridad permitió llevar el proceso y purgar la “pena” en
libertad. Solo para tener una idea del nivel de corrupción, del que seguramente David
Monreal no es ajeno, bastará echar un vistazo al caso del famoso ex futbolista Omar
Bravo, acusado de abuso sexual en contra de su hijastra en 2025. Bravo se encuentra
aún en proceso y se estima que recibirá una pena no conmutable de 20 años, mientras
que su víctima, alega haber sido violentada desde los 11 hasta los 17 años de edad. El
célebre goleador del Club Guadalajara fue detenido y se encuentra en prisión preventiva
en el Reclusorios metropolitano de Guadalajara. Usted, caro lector, tiene elementos para
elaborar sus propias conjeturas.
La sola posibilidad del regreso de Ibarra suena como una bofetada a la dignidad
de la comunidad universitaria, pero sobre todo, a la lucha reivindicadora de las mujeres,
universitarias y ajenas, por los derechos de las niñas y las infancias.
El día internacional de la mujer tiene una larga historia, conectada de forma
indisoluble con el pensamiento de la izquierda. La igualdad entre los ciudadanos en lo
que hace a derechos civiles y humanos es definitivamente incompleta si no alcanza para
homogeneizar, en ese mismo terreno, los derechos de hombres y mujeres.
El ocho de marzo de cada año se ha dedicado a colocar en la memoria de las
sociedades la reivindicación de los derechos de la mujer, inicialmente a propuesta, en
1910, de la activista alemana Clara Zetkin (1857 – 1933), de orientación comunitsta. Sin
embargo, no fue sino hasta 1975 que la ONU hizo oficial la designación del 8 de marzo
como día Internacional de la Mujer. La denominación fue entonces como día
Internacional de la Mujer Trabajadora, en memoria de las luchas laborales de las
trabajadoras textiles de Nueva York, masacradas cruelmente en un incendio provocado3
por sus empleadores. Por desgracia, los acontecimientos recientes en todos los ámbitos
dejan claro que el trecho por avanzar es aún muy largo.
De vuelta en el contexto local universitario, creo en lo personal que el rumor
sobre el regreso de Ibarra tiene fundamentalmente un propósito exploratorio, y espero
que le haya quedado claro tanto al propio Ibarra como a sus partidarios, entre los que
extrañamente hay partidarias, que no es bienvenido en los claustros universitarios.
Se manejó en los momentos más álgidos de la efervescencia por su expulsión, por
parte de su grupo político al interior de la Máxima Casa de Estudios que el acusado
había sido víctima de un montaje y que durante el micro juicio exprés que enfrentó
fueron presentadas evidencias de su inocencia. Si tal es el caso, y dado que el honor es
un asunto importante particularmente entre universitarios, nunca será tarde para
acreditar fehacientemente su inocencia, si no en instancias legales, al menos a la luz
pública. Pero si tales evidencias no existen, o no son suficientemente probatorias, el
silencio es la mejor opción.
Recordemos también que un agresor como el Dr. René Vega Carrillo, confeso de
instalar cámaras en los sanitarios usados por las alumnas, fue solapado por el entonces
rector Rubén Ibarra, ofreciéndole la “salida digna” de la jubilación. A pesar de los cargos
probados, Ibarra mantuvo también en el aparato burocrático universitario al agresor
sexual, también confeso, Hugo Pineda, quien envalentonado por la impunidad de la que
es beneficiario, anuncia su candidatura para contender por la Secretaría General del
Sindicato de Personal Académico de nuestra Alma Mater.
Se ciernen sombras de ignominia sobre la dignidad de la mujer universitaria que
no deberán ser toleradas por la autoridad institucional, so pena de convertir a la UAZ en
el escenario del caos. Lo veremos.



























