Hay momentos en los que la política debe guardar silencio para darle paso a la humanidad.
Hoy quiero hablar como zacatecana. Porque Zacatecas está de luto. Diez personas fueron asesinadas con una crueldad que lastima a todo el estado. Detrás de cada nombre hay una familia destrozada, hijos, esposas, padres, hermanos y amigos que hoy viven un dolor imposible de describir.
Me sorprendió escuchar al secretario general de Gobierno pedir a los partidos políticos que no politicemos esta tragedia. Le tomo la palabra. El dolor de las familias no debe utilizarse como bandera. Pero no politizar tampoco puede significar callar, ver hacia otro lado o fingir que aquí no pasó nada. Hemos visto a actores de su partido que son corresponsables de la tranquilidad de la política interna y de la gobernabilidad guardar silencio absoluto o limitarse, en el mejor de los casos, a publicar una esquela.
No guardaré silencio frente a una tragedia de esta magnitud.
Mi solidaridad y mis oraciones están con las familias de Ignacio Castrejón Valdez, Armando Ledesma Aguirre, José Armando Ledesma Campos, Jesús Rivera Sandoval, Juan Carlos Berumen Guerrero, Fidel Alvarado de la Torre, Jesús Gerardo Muñetón Hernández, Fernando Robles de la Torres, José Ángel Valdez Rivera y Andrés Vázquez Gurrola. Ninguna familia zacatecana ni de ningún lado debería vivir una tragedia así.
Lo que ocurrió no puede minimizarse ni justificarse. Mucho menos cuando las primeras declaraciones de quien debe investigar parece más preocupada por hablar de los antecedentes de algunas víctimas que por explicar por qué fueron privadas de su libertad, asesinadas y exhibidas de una manera tan inhumana. Ningún antecedente, ninguna condición personal y ninguna investigación en curso justifican un asesinato. La obligación del Estado es investigar, esclarecer y castigar, no revictimizar.
Este crimen también desmiente el discurso de que Zacatecas vive una paz recuperada. La paz no se mide únicamente con estadísticas; se mide con la tranquilidad de las familias para salir a trabajar, con la confianza para denunciar un delito y con la certeza de volver a casa. Cuando 10 personas son secuestradas, asesinadas y abandonadas de esa forma, es evidente que todavía estamos muy lejos de esa realidad.
Resulta especialmente doloroso saber que, según lo que dijo el propio fiscal, sus familias no denunciaron de inmediato, tal vez no lo hicieron por miedo. Es doloroso, porque cuando el miedo vence a la confianza en las instituciones, el Estado tiene una responsabilidad que no puede eludir.
Como diputada federal seguiré alzando la voz porque ese también es mi deber. Exigir resultados no es politizar; es cumplir con la responsabilidad que me dieron las y los ciudadanos. Callar por comodidad o por cálculo político sí sería fallarle a Zacatecas.
Hoy no es momento de propaganda ni de discursos triunfalistas. Es momento de verdad, de justicia y de resultados.
Porque ninguna cifra puede abrazar a una madre que perdió a su hijo. Ningún boletín puede devolverle la vida a una víctima. Y ninguna narrativa oficial puede borrar el dolor que hoy vive Zacatecas.
Zacatecas merece paz. Pero una paz verdadera, construida con justicia, con autoridad y con un gobierno que esté del lado de las víctimas, no de las excusas.
Noemí Luna
Diputada Federal





























