La educación requiere de la libertad.
La libertad requiere de la educación.
Javier Barros Sierra (1915 – 1971)
Dr. Juan Antonio Pérez
Como en el mayo francés de 1968, los estudiantes galos marcan la ruta en la defensa del derecho a la educación y la formación profesional, al tiempo que los estudiantes alemanes rechazan públicamente la obligatoriedad del servicio militar y los españoles reivindican el derecho humano a la vivienda. Los fenómenos que ocurren en estos países nos hablan de jóvenes comprometidos con su propio futuro y con él, el porvenir de la humanidad toda. Algo semejante ocurre en Albania, donde los estudiantes acusan violencia financiera contra las universidades.
La educación tiene costos, la educación de calidad es más cara aún, pero ambas son enormemente superadas por la falta de ella: nada más oneroso que un pueblo ignorante y fanático. Y quienes entendemos la educación como un derecho, y no como una mercancía, tenemos claro que los costos deben ser asumidos por los ciudadanos, es decir, por el Estado. Cuando de soberanía nacional se trata, nada más valioso que la independencia científica, y ese es el fruto que crece en las universidades cuando son adecuadamente abonadas y con riego suficiente.
La universidad pública en México se encuentra bajo asedio, y no es totalmente claro si los peores enemigos de estas nobles instituciones nacionales son los ajenos o los propios. En los hechos, hay un desfinanciamiento de las instituciones al no incrementar el subsidio más allá de la inflación. En los últimos 10 años los incrementos acumulados llegan apenas al 30%, mientras que la matrícula, en promedio, excede el 50%.
Según datos institucionales, la UAZ atendió un total de 35,786 estudiantes en 2015 y recibió más de 13 mil nuevos aspirantes en el ciclo que transcurre (NTR, 25/06/2026), lo que significa una cifra superior al 30% y únicamente en un ciclo. En carta fechada el 14 de octubre de 2026, el rector Ángel Romás proporciona una gráfica reveladora de la evolución de la matrícula. Según ésta, el 2005 se atendieron 22,816 jóvenes pasando a 45,419 en 2025: un incremento muy cercano al 100%.
El abandono presupuestal es más que evidente, y si a eso agregamos la irresponsable indiferencia del gobierno estatal, la situación de nuestra Alma Mater se complica. Para ilustrar el hecho baste recordar el calificativo de “irresponsable” que lanzó el gobernador David Monreal a la administración universitaria por no tener para pagar las prestaciones de fin de año, al tiempo que su gobierno enfrenta demandas judiciales por la falta de pago a los jubilados de ISSTEZAC (La Jornada, 16/12/2025). Llegando a declarar a medios radiofónicos que “la UAZ es un barril sin fondo”. Nadie instruyó a don David, en que la lengua larga precisa de una cola corta.
El Subsecretario de Educación Superior, el también abogado Ricardo el abogado Villanueva Lomelí asegura que ha estado urgiendo a los gobiernos estatales a cumplir con la paridad en los subsidios, es decir, que se cubra por partes iguales con la federación, en el caso de UAZ, llega apenas al 33.52% del subsidio total. Afirma también que ha recibido solicitud de algunos rectores de “no presionar a sus gobernadores”, ¿será el caso de Zacatecas?
Y por si a nuestras instituciones de educación superior les hiciera falta un enemigo, los grupos internos de control político se encargan de concluir la destructiva labor de la falta de financiamiento. La grillocarcia, esa plaga altamente cáustica que se enquista en la universidad pública de México es uno de sus peores males, si no es que el más corrosivo de ellos.
En este punto vale la pena recordar el discurso del rector Barros Sierra pronunciado el 1 de agosto de 1968, cuando ya se acercaba la masacre: “Necesitamos demostrar al pueblo de México que somos una comunidad responsable, que merecemos la autonomía, pero no sólo será la defensa de la autonomía la bandera de nuestra expresión pública”. La autonomía es una gran poder y como en todo caso análogo, trae ínsita una ineludible responsabilidad, y los universitarios zacatecanos, habrá que decirlo, no hemos estado a la altura.
El llamado contenido en el título tiene como destino a las comunidades universitarias, y no a las élites administrativas, aunque no las excluye, fundamentalmente por la responsabilidad que más que aceptar, buscaron con denodado afán. No se dirige el exhorto a los caudillos ni a quienes se inclinan por la grillocracia como forma de control. El exhorto va hacia esa masa académicamente poderosa que a pesar de las burocracias, y no gracias a ellas, mantiene en movimiento ascendente a nuestras nobles instituciones de educación superior.
La frase en el epígrafe es también un breve fragmento del discurso pronunciado por el ejemplar rector de la UNAM, el Ingeniero y Matemático Javier Barros Sierra el julio de 1968, previo al aciago 2 de octubre en el que valerosamente acompañó al puñado de estudiantes soñadores a quienes debemos nuestro actual sistema político. En esa ocasión, el rector señaló: “Nuestros deberes cívicos no se oponen al cumplimiento de nuestras obligaciones universitarias; al contrario, coinciden y se fortalecen con el uso inteligente que hagamos de unos y de otros”.
En fechas recientes se han producido declaraciones del Subsecretario Villanueva Lomelí que ponen el acento en el sistema de pensiones de las universidades víctimas de la asfixia financiera. Señala que hay casos en los que el pago de pensiones alcanza el 80% de la nómina (“La Razón”, 13/10/2026), y que hay excesos en la cobertura de este derecho laboral. De los datos a los que se tiene acceso público no es el caso de nuestra universidad.
No obstante, en la UAZ hay sin duda excesos que hemos denunciado hasta la saciedad, que no el cansancio: rectores que se jubilaron al término del período y lo hicieron con la percepción de funcionario, para seguir jugosas carreras políticas que solo descrédito le han acarreado a nuestra Alma Mater. Otros miembros de la élite administrativa imitaron el astuto ejemplo. Quienes “vendieron” sus prestaciones, mismas que siguen devengando bajo el brillante argumento de que son irrenunciables.
El subsecretario alude a trabajadores que nunca cotizaron para su jubilación y tal vez, dada la falta de detalle en sus declaraciones públicas, haga referencia a que las directivas institucionales decidieron no enterar las cuotas correspondientes la in institución de seguridad social encargada de garantizar las pensiones, el ISSSTE en el caso de la UAZ. Y eso, por supuesto, no es responsabilidad del académico que consume su vida en las aulas, los laboratorios, los talleres, los congresos, las publicaciones, la divulgación y la difusión.
El saqueo ha sido monumental y como la Hidra de Lerna, se presenta bajo muchos rostros y cabezas. continuaremos en la próxima columna.

























