El Papa Francisco partió el sábado del Vaticano para una gira por Cuba y Estados Unidos, dos viejos rivales que superaron más de medio siglo de hostilidades y retomaron este año sus relaciones con la mediación clave del propio líder de la Iglesia Católica.
Francisco arribará a La Habana en horas de la tarde un día después de que el presidente estadounidense, Barack Obama, anunciara medidas para flexibilizar el comercio, los viajes y la inversión con Cuba, en un esfuerzo por moderar el embargo económico sobre la isla.
El Papa, de 78 años, es más sensible a esos problemas por ser el primer latinoamericano en ocupar el sillón de San Pedro y está previsto que aproveche este viaje a Cuba para pedir que Washington acabe definitivamente con el embargo de más de medio siglo, al que el Gobierno de La Habana responsabiliza por gran parte de los males de la economía de la isla.
Algunos cubanos van más allá y esperan que el descongelamiento de las relaciones lleve a que Estados Unidos devuelva a Cuba la base militar de Guantánamo.
“Para mí es un héroe (el Papa). ¿Quién iba a pensar que Raúl (Castro) y Obama algún día se iban a dar la mano?”, dijo Blanca González, de 70 años, después de asistir a misa en un barrio de La Habana, luciendo una camiseta con la imagen de Francisco. “La base militar de Guantánamo, la vamos a recuperar”, aseguró.
La anciana se refería al encuentro que los dos líderes sostuvieron en abril en el marco de la Cumbre de las Américas en Panamá.
Sin embargo, el teólogo de la liberación Frei Betto, un aliado cercano al Gobierno comunista, dijo que el Papa ya ha hecho bastante por el acercamiento entre los dos países y que Obama por sí solo no puede desmontar el embargo, algo que está en manos del Congreso, controlado por el Partido Republicano y poco proclive al acercamiento con Cuba.




























