El presidente electo de Argentina, Mauricio Macri, gobernará a partir del 10 de diciembre sin mayoría en el Congreso, lo que lo obligará a negociar leyes con otras fuerzas, incluido el derrotado kirchnerismo.
Los resultados de las elecciones realizadas el pasado 25 de octubre le dejaron al todavía gobernante Frente para la Victoria 114 de las 257 curules de la Cámara de Diputados.
El partido de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, que será oposición en cuanto Macri asuma como nuevo presidente, tendrá así la mayoría simple, pero no le alcanzará a reunir el quórum que se requiere para convocar a sesiones.
La Unión Cívica Radical y la Coalición Cívica y el PRO, que integran la alianza Cambiemos que ganó la presidenta, sumarán 91 legisladores, en tanto que el Partido Justicialista no kirchnerista tendrá 36, el Frente Progresista nueve y la izquierda, cuatro.
Entre las figuras que asumirán el próximo 10 de diciembre como diputados, destaca Máximo Kirchner, el hijo del fallecido ex presidente Néstor Kirchner y su esposa y sucesora, que a los 38 años se postuló por primera vez para un cargo de elección popular.
Otra estrella de la bancada del Frente para la Victoria será el ministro de Economía, Axel Kicillof, a quien se sumarán el ministro de Planificación, Julio de Vido; la embajadora de la Organización de Estados Americanos, Nilda Garré y el secretario general de la presidencia, Eduardo de Pedro.
En la Cámara Alta, en tanto, el Frente para la Victoria perdió dos bancas, pero aun así contará con 42 de los 72 senadores, lo que le permite mantener la mayoría absoluta.
Sin embargo, con Macri ya en el poder se vislumbran acuerdos y pases de bancadas, porque el kirchnerismo reconvertido en fuerza opositora carecerá de alicientes para mantener a sus propios legisladores.
Macri, el empresario renovador que derrotó al peronismo
La ríspida relación de Mauricio Macri con su padre, un magnate que criticaba todos sus proyectos, lo empujó a renunciar a un futuro asegurado en las empresas de la familia y apostar a una carrera política que coronó el domingo con la presidencia de Argentina.
“Él me boicoteaba”, dijo recientemente Macri en una entrevista con un canal de TV, confesando que el maltrato de su padre Franco, un inmigrante italiano que construyó un imperio de negocios, lo preparó para soportar las presiones políticas.
Con una propuesta de renovación política, gestión prolija y lucha contra la corrupción, el ingeniero de centroderecha de 56 años derrotó en un balotaje presidencial a Daniel Scioli, del peronismo de centroizquierda que lideró el país por 12 años.
Quizá para probarle a su padre que podía valerse por sí solo, quizá para probárselo a sí mismo, Macri tomó en 1995 las riendas del popular club de fútbol Boca Juniors, en el que logró muchos éxitos deportivos durante sus 12 años de administración.
“Él creyó muchísimo cuando en Boca empezó a ver que podía llevar alegrías y mejorar la vida de la gente. Eso fue como el germen que después se convirtió en este proyecto”, dijo José Torello, un amigo de la infancia de Macri que lo acompaña en su vida política y que lo describe como “tímido y perseverante”.
Su gestión en el club incrementó su fama en un país que vive pendiente del fútbol, aunque también le trajo críticas como las del astro Diego Maradona, que lo acusaba de ser avaro y lo llamaba “cartonero”, un término usado en Argentina para nombrar a gente pobre que revisa la basura.
“Lo que Macri siempre hizo fue austeridad en cuanto a cuidar la plata y tratar de administrar lo mejor posible”, destacó a Reuters Alezandro Berzon, empleado en Boca Juniors durante la gestión de Macri.
El éxito en Boca fue su trampolín hacia la política: con un ímpetu renovador y un discurso llano fundó en el 2003 su propio partido y años después ganó la alcaldía de la capital argentina, Buenos Aires, que gobernó por dos períodos consecutivos.
Pero sus desafíos serán mayores como presidente. Deberá impulsar una economía estancada por la falta de divisas y por la alta inflación y, a la vez, enfrentar la dura oposición de un Congreso dividido y de los poderosos sindicatos peronistas.
Citando las propuestas neoliberales de varios de sus asesores, el peronismo asegura que Macri dejará desprotegida a la industria local y hará un ajuste fiscal que llevará a muchos en la pobreza, algo similar a lo sucedido en la década de 1990.




























