Amnistía Internacional denunció hoy un “aumento sin precedentes” de las desapariciones forzadas en Egipto así como torturas a manos de la Agencia de Seguridad Nacional (ASN) en el marco de una “represión brutal” en el país árabe.
El informe Egipto: “Oficialmente, no existes”. Desaparecidos y torturados en nombre de la lucha antiterrorista, publicado este miércoles, desvela una tendencia que ha visto cómo cientos estudiantes, activistas políticos y manifestantes, desaparecen sin dejar rastro a manos del Estado.
Amnistía Internacional (AI) aseveró que las autoridades egipcias están llevando a cabo secuestros, torturas y desapariciones “en un intento de intimidar a los oponentes y acabar con la disidencia pacífica”.
“La desaparición forzada se ha convertido en un instrumento clave de la política del Estado en Egipto”, señaló Philip Luther, director del programa de AI para Oriente Medio y el Norte de África.
“Cualquier persona que se atreva a alzar la voz corre peligro, y la lucha antiterrorista se utiliza como excusa para secuestrar, interrogar y torturar a las personas que cuestionan a las autoridades”, sostuvo.
La ONG sostuvo que un “promedio de tres a cuatro personas son sometidas a desapariciones forzosas cada día”, desde el nombramiento de Magdi Abdelgafar como ministro de Interior en marzo de 2015.
De acuerdo con el documento, cientos de personas desaparecen sin dejar rastro y se estima que muchas de ellas permanecen recluidas en las dependencias de la Agencia de Seguridad Nacional (ASN).
El informe presenta los casos detallados de 17 personas sometidas a desaparición forzada, que estuvieron recluidas en régimen de incomunicación durante periodos de entre varios días y siete meses, aisladas del mundo exterior y sin acceso a sus abogados, familiares o cualquier supervisión judicial independiente.
Las víctimas de estas violaciones de derechos humanos, aseguran haber sufrido múltiples torturas: amenazas, descargas eléctricas, violaciones, brutales palizas, permanecer colgado desnudo durante horas o esposado con los ojos vendados durante días.
La mayoría de las víctimas eran seguidores del derrocado presidente islamista Mohamed Mursi, pero también hubo activistas seculares y personas detenidas al parecer simplemente por sus conexiones familiares.
La ONG criticó en su informe el papel de la Fiscalía egipcia, la cual “ha aceptado pruebas cuestionables -obtenidas bajo coacción y torturas- sino que ha llegado a basar los cargos en estas “confesiones” y no ha investigado las denuncias de tortura”.
Amnistía Internacional urgió al presidente egipcio, Abdel Fatah al Sisi, a poner fin a estas prácticas.
Asimismo, exigió que las personas detenidas tengan acceso a abogados y que sus familiares puedan visitarles y que aquellas que estén recluidas únicamente por ejercer su derecho a la libertad de expresión o reunión sean liberadas de forma inmediata.
Además, insistió a la UE para que imponga un embargo de exportaciones y deniegue las autorizaciones a aquellos que quieran vender armas a Egipto y demandó a Bruselas y a Estados Unidos que utilicen su influencia para presionar al país y acabar con estas prácticas.




























