Cuando se nace pobre,
estudiar es el mayor acto de rebeldía.
No hay peor lobo que aquel que se hace pasar por cordero, y en política, el disfraz que se teje con la elocuencia oratoria se evapora al contacto con la cáustica práctica incongruente. Ese es el infortunio de mi querida tierra natal, presa prolongada de los insaciables apetitos de la familia real fresnillense.
No hay tampoco peor traidor que el que muerde la mano que le provee sustento, caso de docentes de universidad pública que una vez que han degustado las adictivas mieles del poder, azotan con furia infame la académica ubre cuyo rico calostro no tuvieron la capacidad de metabolizar. Ricardo Monreal, en funciones de gobernador redujo los recursos financieros aportados a nuestra Máxima casa de estudios bajo el falaz argumento de la doble aportación. Si bien es cierto que durante su gestión Alejandro Tello llevó de 5% a 10% el impuesto nominal para la UAZ en los trámites de Gobierno del Estado de Zacatecas, es cierto también que tal impuesto no es enterado a la institución de forma íntegra, lo que representa, por decir lo menos, un fraude tributario.
El costo de un testamento en Zacatecas es el más alto de la República, nuestro estado es de los pocos que cobran por el “servicio” de expedición de pasaportes que es un trámite federal y de acuerdo con INEGI para 2020 circulaban en el estado 1.5 millones de vehículos cubriendo la tenencia disfrazada de “control vehicular”.
Según recientes declaraciones del rector Dr. Ángel Román, el subsidio estatal ascenderá a 840 millones de pesos, en tanto que el federal es ligeramente superior a los 2,500 millones. El subsidio estatal es entonces apenas un tercio del federal, con lo que el ejecutivo de la entidad incumple su compromiso de igualar la aportación del gobierno de la República para 2028, con incrementos anuales. El aporte estatal es, para 2026 menor al 25% del subsidio total, muy lejos del 50% comprometido.
Se tienen entonces adeudos de años anteriores por los incrementos no ministrados, que en este año y los subsecuentes alcanzan un monto que ronda los 1,700 millones de pesos anuales. A este ritmo, en tres años quedaría resuelto el adeudo de la UAZ con el ISSSTE, sin contar con los compromisos previos no cumplidos. La solución pues, se encuentra tan lejana como la voluntad política del ejecutivo de la entidad.
El actual gobernador, David Monreal en una de esas explosiones de egolatría que le hace asumirse como alguna forma de autoridad sobre nuestra máxima casa de estudios, hizo declaraciones públicas en diciembre pasado acerca de la dolorosa situación financiera de nuestra Alma Mater. Señala en particular que la escasez financiera responde a una irresponsable falta de planeación, gracias a la cual las justas prestaciones de los trabajadores universitarios se encuentran comprometidas. Agrega que considera sagradas las percepciones de los trabajadores, más aún, palabras más o menos, que si se trata de asalariados involucrados en la formación de las nuevas generaciones.
Si verdad fuera el viejo refrán según el cual el embustero muerde su propia lengua, el sangrado de su boca hubiese sido profuso y notorio. Basta recordar los conflictos magisteriales que no ha sido capaz de resolver: los adeudos con los trabajadores de Telebachillerato, la Universidad Politécnica, los jubilados del FOVISSSTE, el SUPDACOBAEZ y los trabajadores de la salud, como botones de muestra en una lista nutrida pero incompleta. Un esputo dirigido al firmamento.
Lejos se encuentra el ejecutivo estatal de tener la voluntad mínima de contribuir a una solución de fondo, pues todavía el viernes 30 de enero declara a la prensa que la educación y la salud son problemas federales, insistiendo una vez más en deshacerse de toda responsabilidad.
Estas ligerezas, así como la insinuación de que la legislación universitaria debiera sufrir transformaciones constituyen atentados en contra de la Autonomía de la que por ley goza nuestra universidad estatal. En cambio, se sufre el rezago presupuestario colocando a la UAZ por debajo del promedio nacional en cuanto a las aportaciones del gobierno de la entidad. De acuerdo con cifras de la Asociación Nacional de Universidades e Institutos de Educación Superior (ANUIES ) universidades como la Veracruzana, la de Guadalajara, Campeche, Sinaloa, Tabasco y algunas otras gozan de presupuesto estatales que igualan o superan a las aportaciones federales. Solo por mencionar algunas Puebla, Guanajuato, la Michoacana, y San Luis Potosí rondan el 40% de aportación estatal con respecto al total.
Es claro entonces que nuestra universidad recibe un trato discriminatorio por parte del gobierno estatal, dado que además de incumplir con los compromisos adquiridos, el titular del ejecutivo se ha negado a servir como aval a nuestra universidad, y no conforme, incluye en su presupuesto de egresos para 2026 la malévola insinuación de que la UAZ recurra a un préstamo de la Fundación que concentra los ahorros de los profesores universitarios. ¡Vaya descaro! Para resolver el problema financiero que ya tiene comprometidos nuestros ahorros en el ISSSTE, se nos sugiere emplear nuestros ahorros en la fundación sindical.
En el ámbito federal, a pregunta de los reporteros acerca de los recortes al presupuesto de las universidades públicas, la Dra. Sheinbaum se apresura a negar la existencia de tales recortes, lo que es sin duda, aritméticamente correcto. Sin embargo, parece no tener en cuenta que ajustar los incrementos a los índices de inflación los torna insuficientes para resarcir los efectos del crecimiento en las matrículas y la ampliación de la oferta educativa, además de los avances en la forma de contratación a la que los trabajadores académicos universitarios tenemos legítimo derecho. En términos reales el efecto es un decremento presupuestal.
En las mañaneras del 2 y el 9 de enero, por lo menos, se sugiere por parte de la presidenta que los incrementos al subsidio de las universidades públicas estatales se producirían en proporción directa a una muestra de austeridad en el manejo administrativo, siempre que no se lastime a las funciones sustantivas. Mi lectura es que se espera un adelgazamiento de los aparatos burocráticos, cosa que ya muchos universitarios zacatecanos hemos demandado, puesto que la adiposis del cuerpo administrativo no refleja necesidades institucionales, sino que configura mapas políticos con fines electorales que nada tienen que ver con las finalidades de una entidad académica de servicio público.
El gobierno federal, como bien ha sido apuntado por la ANUIES, también incumple con su obligación constitucional de financiar las entidades académicas públicas garantizando el acceso de los ciudadanos, con independencia de su capacidad financiera a una formación académica de calidad, en la que además de la capacitación profesional se promueva el crecimiento cultural, el fomento y la apreciación del arte, la práctica deportiva y el fomento de hábitos saludables, así como el pensamiento crítico y la formación humanística y política. Parece oportuno que, haciéndose eco de los reclamos hechos por ANUIES la comunidad universitaria haga oír su voz bajo el liderazgo institucional, y en solidaridad con otras entidades académicas.
Una ciudadanía pensante y consciente de su momento histórico, politizada y activa, no se logra con discursos, tiene costos financieros, pero un pueblo ignorante es siempre mucho más oneroso. La paz que construyen los maestros y las escuelas es sólida, duradera, positiva. La paz que ofrecen los cuerpos policiacos y los cuarteles es ilusoria, efímera, negativa. ¿A cuál le apostamos?

























