Se cumplen dos décadas de la aparición pública del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en México, en demanda de democracia, libertad y justicia para los pueblos indígenas de Chiapas y el país.
El 1 de enero de 1994, día en que entró en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), el EZLN en Chiapas declaró abiertamente una guerra al Gobierno federal, entonces encabezado por Carlos Salinas de Gortari.
El EZLN reprobó la “dictadura” en el poder en la “Primera declaración de la Selva Lacandona”, emitida una vez que el movimiento integrado por personas encapuchadas abiertamente se levantó en contra del gobierno mexicano.
Para la fecha en que públicamente el EZLN alzó sus armas contra el sistema político mexicano, ya había transcurrido una década desde aquel el 17 de noviembre de 1983, cuando un grupo de personas armadas llegó a la Selva Lacandona para fundar el primer campamento guerrillero, denominado “La Pesadilla”.
Según narran los periodistas Julia Preston y Samuel Dillon en su libro “El despertar de México”, “inspirados más bien por el radicalismo agrario de Emiliano Zapata, las enseñanzas del socialismo cristiano de la Iglesia católica en Chiapas y la doctrina antiglobalista sui géneris de Marcos, los zapatistas emprendieron un programa utópico de autodeterminación indígena con la intención de crear un enclave de gobierno popular dentro del Estado autoritario”.
Preston y Dillon refieren que “la prensa nacional y extranjera dirigió su atención a la seductora figura de Marcos, el comandante guerrillero de pipa y desgastado traje de faena, el mestizo entre indígenas, el antiguo profesor universitario que renunció a las comodidades de la academia urbana para unirse a una organización revolucionaria clandestina en la selva”.
Un personaje fundamental en la historia del conflicto chiapaneco es el obispo de San Cristóbal de las Casas, Samuel Ruiz, quien de acuerdo con un comunicado del EZLN emitido tras la muerte del prelado en 2011, “no sólo destacó en un catolicismo practicado en y con los desposeídos, con su equipo también formó toda una generación de cristianos comprometidos con esa práctica de la religión católica. No sólo se preocupó por la grave situación de miseria y marginación de los pueblos originarios de Chiapas, también trabajó, junto con heroico equipo de pastoral, por mejorar esas indignas condiciones de vida y muerte”.
El EZLN narra que “desde 1994, durante su trabajo en la Comisión Nacional de Intermediación (CONAI), en compañía de las mujeres y hombres que formaron esa instancia de paz, Don Samuel recibió presiones, hostigamientos y amenazas, incluyendo atentados contra su vida por parte del grupo paramilitar mal llamado ‘Paz y Justicia’”.
Manuel Camacho Solís, único alto funcionario de Salinas que había mantenido lazos con la izquierda, fue enviado por el presidente como negociador. Las primeras conversaciones de paz entre el gobierno y el movimiento zapatista fue justamente en la catedral de San Cristóbal de las Casas.
El levantamiento zapatista obligó a los candidatos presidenciales de 1994 y dirigentes políticos a pronunciarse por la paz y las instituciones electorales, de manera que firmaron un documento previo a los comicios para reafirmar que “el avance democrático, para cerrar el paso a todas las formas de violencia, debe procesarse en los espacios de los partidos políticos y las instituciones republicanas”.
En diciembre de 1994 asumió el poder presidencial Ernesto Zedillo, quien en febrero del siguiente año giró órdenes de aprehensión contra el subcomandante Marcos y otros líderes zapatistas; sin embargo, no se concretó ninguna detención tras el anuncio del entonces titular del Ejecutivo federal.
El 9 de febrero de 1995 el presidente reveló en un mensaje en cadena nacional que de acuerdo con servicios de inteligencia, Marcos en realidad se llamaba Rafael Sebastián Guillén Vicente, un profesor de comunicación de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), antes de encabezar el movimiento zapatista en Chiapas.
Una de las máximas esgrimidas en el mundo del EZLN, que atrajo simpatizantes de todas las latitudes del mundo, es “Para nosotros nada, para todos todo”, en un afán de sentido comunitario indígena.
Bajo esta lógica, Marcos dejó claro su rango de subcomandante, es decir, que en la estructura jerárquica de la organización, él estaba por debajo de dirigentes indígenas como Tacho, David, Zebedeo, Esther y Trini, entre otros.
Los zapatistas erigieron “municipios autónomos”, bajo la idea de la resistencia respecto al sistema establecido en el país, con el propósito de permitir la autodeterminación indígena ante el Estado mexicano.
En un mensaje emitido el 21 de marzo de 2001 -ya en el gobierno panista de Vicente Fox-, el subcomandante Marcos dijo en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM): “en la tierra que se crece hacia arriba, arriba está el poder del dinero y abajo está quien sobre su espalda sostiene las torres y, sin embargo, debe conformarse con recoger las sobras y basuras que de lo alto vienen”.
Según el dirigente zapatista, “abajo está el que somos color de la tierra, el indígena, el obrero, el campesino, el empleado, el maestro, el estudiante, el ama de casa, el colono, el intelectual, el artista, el religioso, el homosexual, la lesbiana, el desempleado, el joven, el hombre, la mujer, el anciano, el niño”.
Y definió que los zapatistas son “los rebeldes que nos negamos a ser números, los que preferimos ser dignos, los que no nos vendemos, los que no nos rendimos, los que, cuando queremos ver al futuro, no miramos hacia arriba buscando signo monetario; los que, cuando queremos asomarnos al mañana, miramos hacia abajo, y buscamos y vemos ahí a un niño y en él buscamos y encontramos, no lo que fuimos, sino el espejo de lo que seremos”.
Tras el regreso del PRI al gobierno y a pocos días de cumplirse si vigésimo aniversario de aparición pública, el EZLN difundió un texto titulado “Rebobinar 2: de la muerte y otras coartadas”, donde este movimiento aseguró que en 2013 la patria fue traicionada con las reforma estructurales impulsadas por Enrique Peña Nieto.
“El despojo disfrazado de reforma constitucional no inició en este gobierno. Empezó a formalizarse con Carlos Salinas de Gortari y su reforma al artículo 27. El despojo agrario fue entonces ‘cubierto’ por las mismas mentiras que ahora envuelven las mal llamadas reformas: ahora el campo mexicano está completamente destrozado, como si un paquete de bombas atómicas lo hubiera arrasado”, sentenció el comunicado.



























