Las elecciones en el Estado de México, Nayarit, Coahuila y Veracruz nos dan valiosos indicativos sobre el cambio de poder en México. Nos proporcionan también algunos indicativos sobre la marcha del país y la ira social.
La ventaja del priista Alfredo del Mazo Maza sobre sus competidores mete al resultado electoral mexiquense, en una especie de laboratorio en el que se puede observar el retroceso del partido que gobierna, la crisis del Partido Acción Nacional que llevó a su candidata Josefina Vázquez Mota a la cuarta posición y el crecimiento emergente del Movimiento de Regeneración Nacional que se ubica en el segundo lugar de la competencia electoral.
De confirmarse el próximo miércoles los resultados oficiales a favor de Alfredo del Mazo, el mexiquense gobernaría una entidad rodeado de opositores, pero también con un porcentaje de aceptación electoral muy bajo, lo que manifiesta el rechazo de un amplio sector social al priismo.
¿Cómo gobernar sin el control mayoritario del congreso, con un amplio margen de reprobación, con altos índices de violencia y feminicidios y además, en los últimos meses del presidente Enrique Peña Nieto, sin solvencia económica?
El triunfo de Alfredo del Mazo es una victoria pírrica que prolonga la agonía de un partido en el poder y que por cierto, cada vez gobierna a menos entidades federativas en el país.
Pero también el contexto de la elección mexiquense pone de manifiesto la crisis interna en Acción Nacional, la lucha por la nominación a la candidatura presidencial blanquiazul y el empecinamiento de su líder, Ricardo Anaya, que se muestra más como aspirante que como dirigente de un partido político.
El nuevo descalabro de Josefina Vázquez Mota evidencia la falta de aprendizaje de una política que no tuvo el respaldo de su partido y de su militancia en la elección presidencial, y que ahora se lo restriegan en la cara, mandándola hasta el cuarto sitio en el Estado de México.
Pero el líder nacional panista es un cínico. Se agarra de un clavo ardiente del proceso coahuilense, en el que dice pelear el triunfo en esta entidad cuyo candidato, Antonio Echevarría, ni militante panista es, sino producto de una coalición con el PRD.
Pero con ese eventual triunfo Ricardo Anaya pretende esconder su derrota electoral y su fracaso como dirigente partidista.
En Morena tampoco aprenden la lección. El empecinamiento de López Obrador y la soberbia política, lo están conduciendo nuevamente al fracaso. El condicionamiento de apoyo en el Edomex para aceptar a las izquierdas en una alianza electoral en el 2018, fue un sonado fracaso.
Ahora, Andrés Manuel está cada vez más solo y sus enemigos están consolidando una alianza para cerrarle nuevamente el camino en la ruta presidencial.
Está claro que Morena no podrá ganar solitariamente la elección presidencial y que los radicalismos arrumban a los hombres y a los partidos a la soledad.
Mientras esto sucede en las entidades en las que el domingo pasado hubo elecciones, aquí en Zacatecas partidos y dirigentes siguen echados en la hamaca, viviendo del presupuesto público. Algunos, ni siquiera se aparecen en las oficinas.



























